Hablemos de enfoque diferencial

En el marco del acuerdo entre el gobierno y las FARC-EP, uno de los temas que ha generado críticas, es la inclusión del enfoque diferencial, lo que evidencia la falta de formación de los sectores políticos y religiosos cuando piensan que este enfoque, como el de género pone en peligro la institucionalidad de la familia tradicional y la libertad religiosa.

Por Adelaida Jiménez Cortés

El enfoque diferencial es un concepto usado en la investigación, “para visibilizar” lo que sucede en zonas o comunidades víctimas del conflicto armado, las vulnerabilidades y vulneraciones específicas de grupos sociales que han vivido los estragos de la guerra. Y se hace, a partir del reconocimiento de los distintos referentes socio-culturales existentes en cada uno de los grupos de población para garantizar el principio de equidad a través de acciones diferenciadas.

Desde este enfoque se busca fomentar el acceso a los derechos de los niños, niñas, jóvenes y adolescentes; como también, realizar acciones afirmativas para mujeres y priorizar temas estratégicos para la gestión y desarrollo de las comunidades afectadas por la violencia. Además, favorece el reconocimiento de otras poblaciones o grupos afectados como son el adulto mayor, e incluye la discapacidad.

El enfoque busca diseñar e implementar modelos de acompañamiento para los diversos grupos étnicos y comunidades que por su orientación sexual han sido estigmatizados y victimas en medio del conflicto. El enfoque está orientado a que cada grupo de población, sector o comunidad reciba la atención integral de acuerdo a su necesidad y características, y no de una forma homogénea, “propiciando las sinergias a nivel sectorial y territorial para las familias” desde la línea de derechos, se entiende que los derechos fundamentales han sido violentados y que se requiere su restablecimiento.

Se incluye además el desarrollo de líneas intencionales como “el género y el territorio” que permitan la revisión de los diversos procesos en las comunidades como son: El ciclo vital, el cual se entiende como la primera infancia, que busca promover la atención integral de los niños y niñas, el no reclutamiento e involucramiento de esta población en la guerra, la prevención del trabajo infantil, en esta línea también se contempla la atención de políticas claras para el adulto mayor, poblaciones que por su nivel de vulnerabilidad y defección quedan al vaivén de los diversos actores armados.

El género, implica el reconocimiento de las violencias a las cuales las mujeres han sido sometidas en medio de la guerra y la realización de “acciones afirmativas, orientadas a garantizar el respeto a la dignidad humana y no discriminación”, la línea de género permite revisar las políticas para la prevención de embarazos en adolescentes, la pobreza extrema, las violencias en todas sus manifestaciones como la violencia sexual. También, brinda la posibilidad para reconocer que dentro del conflicto armado, los diversos actores armados y fuerza pública han marginado, sometido y violentados a las comunidades LGBTI por su orientación sexual, por lo tanto, estas comunidades también se constituyen en víctimas directas de la guerra y se requiere restaurar sus derechos como seres humanos.

El enfoque diferencial, incluye las posibilidades de revisar la problemática de las personas que por su discapacidad han sido marginados y víctimas del conflicto, en este sentido debe propiciar los apoyos para la localización y caracterización de las personas en situación de desplazamiento con discapacidad. En la línea de victimas del desplazamiento forzado, se busca el reconocimiento del desplazamiento como una estrategia de intimidación y de guerra para el despojo de la tierra y por lo tanto, se requiere el acompañamiento comunitario y familiar para la familias vinculadas, que pertenecen a un grupo étnico, el reconocimiento de la existencia de miles de víctimas campesinas, indígenas, afrocolombianos que han vivido el horror de la guerra, el desplazamiento y el abandono del estado y su mezquindad para garantizar sus derechos; a las cuales se les debe garantizar los procesos de retorno a sus territorios.

La inclusión del enfoque diferencial como el de género es fundamental en los acuerdos de la Habana y en cualquier acuerdo que pretenda dar fin al conflicto armado colombiano y a la posibilidad de la construcción de una paz justa y verdadera, la dignificación de las poblaciones que han sufrido el dolor de la guerra, y la revisión de las políticas para la garantía de los derechos dentro de unas nuevas miradas sobre las relaciones campo – ciudad.

 *Programa de Teología – CUR, Grupo de Investigación OIDHPAZ

Publicado originalmente en Lalibertad.com