Objeción de conciencia con rostro de mujer

objetoresPor: Juan Manuel Martínez Ramírez.

“CREONTE: ¿Conocías prohibición que yo había promulgado? Contesta claramente.
ANTÍGONA: La conocía. ¿Podía ignorarla? Fue públicamente proclamada. CREONTE: ¿Y has osado, a pesar de ello, desobedecer mis órdenes? ANTÍGONA: Sí, porque no es Zeus quien ha promulgado para mí esta prohibición, ni tampoco Niké, compañera de los dioses subterráneos, la que ha promulgado semejantes leyes a los hombres; y he creído que tus decretos, como mortal que eres, puedan tener primacía sobre las leyes no escritas, inmutables de los dioses. No son de hoy ni ayer esas leyes; existen desde siempre y nadie sabe a qué tiempos se remontan. No tenía, pues, por qué yo, que no temo la voluntad de ningún hombre, temer que los dioses me castigasen por haber infringido tus órdenes. Sabía muy bien, aun antes de tu decreto, que tenía que morir, y ¿cómo ignorarlo? Pero si debo morir antes de tiempo, declaro que a mis ojos esto tiene una ventaja. ¿Quién es el que, teniendo que vivir como yo en medio de innumerables angustias, no considera más ventajoso morir? Por tanto, la suerte que me espera y tú me reservas no me causa ninguna pena. En cambio, hubiera sido inmenso mi pesar si hubiese tolerado que el cuerpo del hijo de mi madre, después de su muerte, quedase sin sepultura. Lo demás me es indiferente. Si, a pesar de todo, te parece que he obrado como una insensata, bueno será que sepas que es quizás un loco quien me trata de loca”. Antígona, Sófocles.

La objeción de conciencia tiene rostro de mujer. Más allá de los nombres que figuran en los pleitos legales y de quienes han tomado la vocería de las luchas políticas, la objeción de conciencia ha tenido a lo largo de su historia un rostro de mujer que es humano y humanizador. Sófocles lo relataba con precisión en su tragedia desde el siglo V a.C a partir de la figura de Antígona, la princesa de Tebas que se rebeló al poder de su rey Creonte y decidió desobedecer un decreto injusto.

De acuerdo con el relato, Antígona estimó que era mejor obedecer sus tradiciones y creencias funerarias, que tenían origen divino, que acatar la prohibición dada por Creonte de sepultar de manera digna a su hermano. Su argumentación, al ser descubierta y llevada ante aquel rey, es simple pero profunda: hay leyes inmutables que en todo caso priman sobre los dictámenes humanos de quien tiene el poder, ello es suficiente razón para desobedecer.

Pero la decisión de Antígona, que costó su vida, no es el único precedente en tiempos antiguos de desobediencia por razones de conciencia a decretos obligatorios dados por quien detentaba el poder. Los textos bíblicos exponen dos valientes objetoras al otro lado del Mediterráneo. Dos parteras en el Imperio Egipcio de nombres Sifra y Puá.       

15Entonces el rey de Egipto habló a las parteras de las Hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y la otra Puá,  16y les dijo: "Cuando estén asistiendo a las Hebreas a dar a luz, y las vean sobre el lecho del parto, si es un hijo, le darán muerte, pero si es una hija, entonces vivirá."  17Pero las parteras temían (reverenciaban) a Dios, y no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños.  18El rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: "¿Por qué han hecho esto, y han dejado con vida a los niños?"  19Las parteras respondieron a Faraón: "Porque las mujeres Hebreas no son como las Egipcias, pues son robustas y dan a luz antes que la partera llegue a ellas."  20Dios favoreció a las parteras; y el pueblo se multiplicó y llegó a ser muy poderoso.  21Y por haber las parteras temido a Dios, El prosperó sus familias.  22Entonces Faraón ordenó a todo su pueblo: "Todo hijo que nazca lo echarán al Nilo, pero a toda hija la dejarán con vida.” Éxodo 1.

El anterior texto bíblico revela uno de los primeros actos de objeción de conciencia de los que se tiene registro, las parteras no hicieron lo que el rey de Egipto les había ordenado. La razón obedeció a su creencia en Dios. Al igual que Antígona la objeción de conciencia tuvo rostro de mujer y desafió el poderío de todo un imperio.

Como Antígona, la princesa condenada a muerte, o Sifra y Puá, las parteras judías del Antiguo Testamento, hoy existen mujeres que por variadas razones deciden objetar el cumplimiento de deberes legales que atropellan los postulados de su conciencia. Las objetoras de conciencia al servicio militar denuncian la injusticia del que sufre la guerra y hacen un llamado a proteger la vida. Su labor no es solamente humana, en tanto toman una decisión consiente y voluntaria, sino también humanizadora, en la medida que enfrentan el poder estatal para exigir que se respete la vida y la construcción de sus territorios en paz.