
Sentémonos a la mesa: avances y desafíos de la Co-construcción de paz en Nariño
Cada año, el 30 de agosto, el mundo recuerda una de las heridas más profundas que un conflicto o un régimen violento puede infligir: la desaparición forzada.
Esta fecha fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2010 para visibilizar la situación de las personas desaparecidas, apoyar a sus familias y exigir que este delito no quede impune. La desaparición forzada se considera una grave y persistente violación de los derechos humanos porque no solo priva a una persona de su libertad y vida, sino que también condena a sus seres queridos a una búsqueda interminable marcada por la incertidumbre, el dolor y la ausencia de la verdad. Según reportes de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), en Colombia se registran alrededor de 132.977 personas desaparecidas, quienes hoy siguen siendo buscadas por sus familias esperando ser encontradas. No obstante, se reconoce que, en el marco del conflicto, puede haber muchas más personas, teniendo en cuenta que la búsqueda de la Unidad está según su mandato hasta el 1 de diciembre de 2016.
La búsqueda en Colombia ha sido un ejemplo de cómo un conflicto armado puede afectar comunidades completas. Con solo desaparecer una persona, el país queda marcado por una falta. Si bien se reconocen organizaciones y colectivas que se han constituido para encontrar a los seres amados, esta responsabilidad es de todos y todas.
Alexandra Moral, mujer buscadora de Samaniego, nos comparte que «este día es importante porque la ausencia no se olvida, su memoria nos da fuerza para seguir exigiendo verdad y justicia», y Martha Andrade, lideresa de Samaniego y mujer buscadora, también reconoce este día como una forma de «honrar la memoria de los detenidos desaparecidos (…) esperamos que la verdad se reconozca sin impunidad, que la memoria no se borre y que la reconciliación nazca desde el reconocimiento del dolor.
Estas mujeres, al igual que muchas otras que han dedicado su vida a la defensa de los derechos, la memoria, la verdad y justicia, son un ejemplo de resiliencia, resistencia y amor. Sus luchas hacen un llamado constante a buscar por la memoria, la reconciliación y la justicia para quienes ahora no están y a sus familiares y comunidades.
Por eso, conmemorar este día significa reconocer la dignidad de quienes aún no han regresado, solidarizarse con las familias que los esperan y mantener viva la memoria colectiva. También nos recuerda que exigir verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición es un compromiso que debe involucrar a toda la sociedad.
Desde Justapaz hacemos un llamado al reconocimiento del derecho de la vida que ha sido negado a miles de personas en el marco del conflicto armado, al acompañamiento de las familias en su búsqueda de seres queridos y en la reconciliación de un país que ha sido permeado por la incertidumbre y el dolor.
Por: María Fernanda Narváez y Kimberly Márquez