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Sentémonos a la mesa: avances y desafíos en la mesa de Co-Construcción de paz en Nariño
El webinar “Sentémonos a la mesa” reunió a delegados del Gobierno Nacional, representantes de los comuneros del sur, counidades de fe y líderesas y lideres sociales de Nariño para dialogar sobre los avances de la Mesa de Co-Construcción de Paz Territorial, un proceso que avanza con acuerdos verificables en desminado, cese al fuego, sustitución de cultivos y protección de la infancia.
El pasado encuentro virtual organizado por el área de Reconciliación de Justapaz y la Universidad Javeriana de Cali, en el marco del Diplomado Casa de Saberes, se convirtió en un espacio de reflexión, divulgación y diálogo sobre la paz territorial en Nariño. En sintonía con el marco de la escuela, este espacio invitó a las diferentes personas a sentarse a la mesa, un espacio de confianza y relacionamientopara compartir miradas sobre el proceso en curso, sus retos y la esperanza que despierta en los territorios; además de tener un espacio para preguntas desde el territorio.
La jornada inició con un momento simbólico cargado de emoción: la presentación de una canción creada en Samaniego por niños y jóvenes, en el marco de procesos comunitarios acompañados por iglesias y organizaciones locales. “Un lugar donde no haya guerra ni desilusión, donde las armas se callen y las voces hablen”, dice la letra que, al ser escuchada por los participantes, despertó sentimientos profundos.
Lucero Ipuiz expresó que la melodía le movía “sentimientos de amor, paz y comprensión”, mientras que Angie Melo resaltó que la canción refleja el anhelo de la niñez por crecer en un entorno donde la violencia sea solo recuerdo del pasado y no parte de la vida cotidiana; Johanna Castro, en el chat, resumió el sentimiento general: “Es el clamor del pueblo de que haya una paz con justicia y sin impunidad”.
El eco de estas voces recordó que el camino hacia la paz no se mide únicamente en acuerdos, sino también en los símbolos y expresiones que nacen desde la vida comunitaria.
Tras la introducción, se dio la palabra a los invitados centrales del espacio: Royer Garzón, delegado de ‘Comuneros del sur’ y Andrei Gómez Suárez, delegado del Gobierno Nacional en la Mesa de Co-Cnstrucción de Paz Territorial en Nariño.
Garzón, nariñense y jefe de la delegación comunera, narró cómo su organización, tras dos décadas en la insurgencia, tomó la decisión de apostarle a la negociación política. Reconoció que este camino implicó una ruptura con visiones tradicionales del ELN, pero que permitió construir un enfoque propio de paz territorial. “Decidimos acogernos a la política de paz total como una posibilidad de darle salida, desde el territorio, a la anhelada paz que se nos ha negado históricamente”, afirmó.
Por su parte, Andrei Gómez Suárez, académico y activista en temas de reconciliación, destacó el carácter innovador del proceso. “Este es un modelo donde antiguos antagonistas se sientan a la mesa para hablar no solo de negociación, sino de reconciliación, y para poner en práctica acciones inmediatas que transformen la vida en las comunidades”, señaló. Para él, la mayor riqueza radica en que las comunidades mismas, como el resguardo La Montaña, fueron quienes dieron el mandato de acabar la guerra y exigir transformaciones estructurales.
El diálogo permitió hacer un recuento de los avances alcanzados en las distintas fases del proceso. Desde los primeros acercamientos informales en 2022 hasta la formalización de la mesa en 2023, se ha recorrido un camino que ya muestra resultados tangibles:
- Desminado humanitario: la priorización de Samaniego como escenario piloto para reducir de inmediato el riesgo de minas antipersonal.
- Cese al fuego bilateral y destrucción de armas: en abril de 2025 se destruyeron más de 580 elementos de guerra en presencia del presidente Gustavo Petro, en un acto verificado por organismos internacionales.
- Búsqueda de desaparecidos: se instaló una subcomisión técnica para atender el clamor de las familias y organizaciones de mujeres que han exigido verdad y memoria, con alianza del Centro Histórico de Memoria y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD).
- Sustitución de cultivos ilícitos: se avanza hacia un plan de erradicación voluntaria en diez municipios, con la meta de sustituir cinco mil hectáreas de coca este año.
- Protección de la infancia: el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) lidera una subcomisión para diseñar una ruta de protección integral a niños, niñas y adolescentes afectados por el conflicto.
- Reintegración comunitaria: se estableció un programa de transición integral para Comuneros del Sur, con enfoque político, económico y social.
“Lo valioso de este proceso es que los acuerdos no se quedan en el papel, sino que comienzan a implementarse de inmediato”, subrayó Gómez-Suárez. Roger Garzón explicó que el proceso no se organiza en torno a una agenda rígida, como ocurrió en otras negociaciones, sino mediante una ruta de Co-Construcción con tres ejes principales:
- Desescalamiento de la violencia: acciones inmediatas de carácter humanitario para aliviar el sufrimiento de las comunidades.
- Transformaciones territoriales: inversión social y productiva definida con participación comunitaria, para generar alternativas a las economías ilegales y promover proyectos de desarrollo sostenible.
- Tránsito político: la conversión del frente comunero en un movimiento social y político que abandona las armas y apuesta por la participación ciudadana plena.
“Estamos en una etapa de determinación —dijo Garzón— donde el frente pone a disposición todos sus esfuerzos y acumulados para concretar una paz territorial en Nariño”.
Un punto reiterado en el webinar fue que la reconciliación no es un tema accesorio, sino el corazón del proceso. Gómez-Suárez habló de la necesidad de una “justicia restaurativa relacional”, que permita sanar heridas y construir nuevas relaciones entre Estado, comunidades y excombatientes. “No se trata de esperar un acuerdo final, sino de avanzar en acciones que desde ya fortalezcan la confianza y reconstruyan el tejido social”, señaló.
En este sentido, tanto él como Garzón destacaron el papel de las iglesias, organizaciones sociales y colectivos de mujeres como actores clave para promover el diálogo, acompañar procesos de reconciliación temprana y aportar insumos a las subcomisiones técnicas que se han venido conformando.
El webinar también permitió reflexionar sobre cómo la sociedad puede sumarse al proceso. Según los delegados, la participación es progresiva y relacional: arranca con espacios pedagógicos y de comunicación popular, continúa con incidencia en transformaciones territoriales y llega hasta ejercicios específicos, como la búsqueda de desaparecidos o la formulación de proyectos productivos.
“Este proceso nació en el resguardo La Montaña, de un mandato comunitario. La participación no es decorativa, es la esencia de la paz territorial”, recalcó Gómez-Suárez. Durante la jornada se destacó los procesos históricos de las mismas comunidades para la búsqueda constante por la paz en sus territorios, reconociendo la interculturalidad y diversidad que hay en Nariño. Además, pese a entender que hay distintos grupos armados en el territorio, esta mesa de diálogo crea esperanza a las comunidades, quienes viven constantemente las situaciones que se presentan en el territorio.
Garzón agregó que en Nariño, un territorio golpeado por múltiples formas de violencia, la construcción de paz también es un acto de creatividad y resistencia. “Aquí hemos vivido todos los modelos de represión, pero también hemos creado alternativas de emancipación y de vida digna”, sostuvo.
El encuentro cerró con la certeza de que los desafíos son enormes, pero también con la convicción de que los pasos dados hasta ahora son significativos. La paz en Nariño se construye con acuerdos, con acciones tempranas y, sobre todo, con la participación activa de las comunidades.
Como expresó una de las participantes: “Los niños son la esperanza. Su alegría nos da la fortaleza para seguir adelante y construir una paz verdadera y sostenible”.