
Nariño dialoga sobre los retos y avances de la paz a diez años del Acuerdo Final de Paz
En el corazón de Samaniego, un territorio donde la historia se ha escrito con la fuerza de la resistencia, la memoria no es un ejercicio del pasado, sino un acto vivo de fe. El pasado 26 de marzo, lo que comenzó como una jornada de acompañamiento junto a los pastores locales y Salomé Melo, secretaria técnica de la Mesa de Asuntos Interreligiosos y el Consejo de Paz, se convirtió en una experiencia trascendental. No fue un día de oficina ni una visita protocolaria; fue un encuentro con la verdad en el Museo escolar de la memoria Recuerdos de mi Wayco, que se encuentra en la Institución Educativa Policarpa Salavarrieta; un proceso nacido en el corazón de la profesora, mujer buscadora y líder social, Martha Andrade; un lugar donde el dolor se desprende de las estadísticas para recuperar su nombre y su rostro.

Las cicatrices en el aula: el arte como lenguaje del alma
Bajo la guía de la profesora Marta Andrade, cuya autoridad emana pese a haber resistido amenazas por el solo hecho de enseñar a construir paz, los líderes y lideresas espirituales se enfrentaron a la historia viva de Samaniego. En este espacio, el trauma no se guarda en cajones, sino que se canaliza a través del arte de las nuevas generaciones, permitiendo que más personas de la comunidad y de otros lugares del país o el mundo puedan conocer la historia que se guarda en los corazones del territorio.
El recorrido por el museo reveló la profundidad de la herida, pero también la magnitud de la resiliencia:
● El Árbol de las Memorias: Una estructura que estremece los sentidos. En sus ramas no hay hojas verdes, sino fotografías y nombres de quienes fueron arrebatados por la violencia. Es un monumento a la ausencia que exige presencia.
● El Clamor de la Inocencia: Los pastores observaron conmovidos los dibujos de los jóvenes que hicieron parte del proyecto.. En ellos, la creatividad no retrataba juegos, sino el estallido de moto-bombas y el llanto desgarrador de sus madres. Ver el conflicto a través de los ojos de un niño convirtió la visita en una experiencia de conexión y conciencia sobre la memoria y la verdad del territorio, motivando a los presentes a ser mensajeros de reconciliación y paz.
● El Eco de 2020: El tributo a los ocho jóvenes masacrados en aquel año sigue siendo un punto de quiebre. Su recuerdo aún marca el pulso de Samaniego y recordó a los presentes que la justicia social es un requisito indispensable para la paz duradera.
En ese momento, el museo dejó de ser una exhibición para convertirse en un espejo de la necesidad urgente de ser mensajeros de la paz y, desde la comunidades, seguir la misión de servicio: «porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí» (Mateo 25:35-36). Además, este espacio planta un mensaje claro, nos comenta Salomé, «la memoria se construye para mantener vivos a los hoy ausentes».

La Iglesia: un refugio de sanación y puente hacia la paz
El impacto en los líderes religiosos fue profundo y transformador. El recorrido les permitió comprender que la reconciliación no es un concepto teológico abstracto, sino una urgencia humana que late en cada esquina de Samaniego. Se reflexionó sobre cómo el conflicto armado no solo destruye puentes y edificios, sino que desgarra el tejido invisible que une a las familias y las comunidades.
De esta experiencia surgió una verdad poderosa: las iglesias son, quizás, los únicos espacios de neutralidad y confianza donde todas las partes de un conflicto coinciden bajo un mismo techo. Esto redefine el rol del líder espiritual en el territorio:
1. De la Teoría a la Acción: Los pastores comprendieron que su labor en el púlpito es inseparable de su labor en las calles y con las víctimas. La fe debe tener pies que caminen el territorio y manos que ayuden a levantar al caído.
2. Sanar la Memoria: Se reconoció al pastor como un «artesano de paz», aquel que tiene la delicada tarea de ayudar a la comunidad a transitar del odio al perdón. No se trata de promover el olvido —que sería una nueva injusticia—, sino de recordar para sanar.
3. Cartografías de Esperanza: La misión ahora es clara: reconocer las «cartografías del dolor» (los lugares donde hubo muerte y miedo) para poder dibujar sobre ellas, con paciencia y fe, nuevos mapas de esperanza y convivencia.
Una misión que apenas comienza
Samaniego nos ha enseñado que la memoria es el primer paso hacia la sanación. Este encuentro reafirmó que el papel de la espiritualidad en la reconciliación es vital: es el bálsamo que permite que las cicatrices dejen de doler para convertirse en testimonios de victoria sobre la violencia.
Esta experiencia marcó los corazones de todas las personas presentes. La profe Martha, quien dirigió el recorrido nos compartió su sentir ante este encuentro:
«Esta visita representó para la institución educativa Policarpa Salavarrieta la validación y el reconocimiento de nuestro museo y de nuestro trabajo por la memoria y La Paz de Samaniego. Fue muy bonito porque cuando los y las pastoras se acercaron a las distintas piezas y escucharon los relatos confirmaron que la memoria que estamos construyendo sí importa y sí toca e interpela los corazones de los visitantes, para que se apropien de su historia y no se borre, para dignificar a las víctimas y para sembrar paz y reconciliación desde la voz de las víctimas y sus verdades».
Así mismo, el impacto logró dejar huella en los corazones de los y las líderes de iglesia, quienes nos compartieron su experiencia:
«Para mí fue como un despertar a la sensibilidad del corazón de las personas que ahora pasé lo que pase les da lo mismo. Mirando una realidad tan triste que muchos teníamos en el olvido, nos dimos cuenta de la gravedad de la problemática de nuestro territorio y, en mi caso, no estaba enterada de muchos de esos casos de violencia y de sufrimiento de todas las familias afectadas por este terror tan difícil de enfrentar. Personalmente me llevó a orar más por mi municipio y nació en mí un deseo de ayudar a las víctimas de este conflicto, las cuales hoy enfrentan muchos problemas psicológicos. Por ende, investigué posterior al encuentro y encontré un Técnico virtual en Psicología y Trabajo Social, que con la ayuda de Dios empieza este mes, con lo que espero algún día ponerme al servicio de estás familias víctimas del conflicto y ayudarles aunque sea un poquito». Suzana Melo, hermana de la Iglesia Movimiento Misionero Mundial.
Hoy, la misión de estos líderes es llevar la luz del museo a cada congregación, recordando que la paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de una esperanza activa que transforma las cenizas en vida.
Por: Gabriel Salazar Mutis Y Kimberly Márquez





